Gastar no es lo mismo que invertir en Defensa
Sabemos bien en Economía que “gasto” no es “inversión”. Parece una perogrullada, pero no para los ojos del actual Gobierno, ni siquiera de la propia Comisión Europea, los cuales confunden continuamente dos variables macroeconómicas opuestas como son el consumo y la inversión. En la actual coyuntura geopolítica, lo que se necesita es, primero, inversión en Seguridad y Defensa y, después, gastar en los diferentes consumos intermedios y finales para prestar adecuadamente los servicios. El orden correcto es éste, no el contrario.
La Defensa ha vuelto a colocarse como prioridad máxima para los países occidentales. A lo largo del siglo XX, España se integró en numerosas organizaciones internacionales con una vocación de defensa global. Sin embargo, esto no ha supuesto un incremento continuado del esfuerzo en Defensa, llegando a la actualidad con uno de los presupuestos militares más bajos de entre sus aliados, a pesar de tener unas necesidades mayores dada su situación geográfica.
Las principales razones que explican esta insuficiencia financiera las encontramos en las crisis económicas sufridas por España, los procesos ineficientes y poco eficaces de modernización de las Fuerzas Armadas y la dependencia continua de los Estados Unidos como fuente no sólo de provisión financiera sino también tecnológica. Durante la dictadura, y hasta los años ochenta, fue EE. UU quien cubrió buena parte de la financiación militar española a cambio de ciertos privilegios como fueron las cesiones de las bases militares de Rota, Torrejón, Morón de la Frontera y Zaragoza.
Aun con la ayuda americana, la evolución del Presupuesto en Defensa está muy marcada por una insuficiencia de recursos constantes, siendo las principales vías de financiación las modificaciones presupuestarias para operaciones en el exterior con cargo al Fondo de Contingencia, la venta de patrimonio militar y los créditos otorgados por el Ministerio de Industria con cargo a ‘proyectos especiales’. Si a ello se añaden las diferentes crisis económicas y problemas severos para el presupuesto público, donde los ajustes empezaban por la Defensa, es evidente la precariedad en la que continuamente se ha movido España a la hora de financiar su protección frente a sus enemigos externos.
Esta debilidad fue aún más patente cuando se produjo la ocupación de Crimea por parte de Rusia y la invasión de Iraq por el Estado Islámico. Ahí, la OTAN exigió que todos sus miembros se propusiesen el objetivo de alcanzar el 2% del PIB en presupuesto militar, preferentemente inversiones en tecnología y sistemas. De este modo, los gobiernos españoles que se sucedieron entre 2014 y 2022 asumieron el compromiso de lograr dicho objetivo impuesto del 2% para 2024.
Sin embargo, los incrementos previstos del gasto no aumentaron de la forma que se esperaba. Esto provocó que nuestro país perdiese importancia y credibilidad en el espectro internacional. Si bien es cierto que entre 2014 y 2024 España incrementó el dinero que emplea en Defensa en 10.000 millones de euros alcanzando la cifra de 19.000 millones (un aumento del 107%), esto se vio opacado por el elevado crecimiento de nuestra economía, lo que supuso que el aumento real fuese tan solo del 0,36%, pasando del 0,92% al 1,28% del PIB, muy insuficiente respecto de las exigencias de la OTAN.
Ahora, el actual presidente del Gobierno ha vuelto a anunciar el 2% pero para 2029 y compuesto fundamentalmente por gasto, incluyendo una subida de salarios de los militares de, aproximadamente, 200 euros al mes. Este tipo de prácticas es incompatible con el objetivo del Plan presentado por Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, denominado “Rearmar Europa” con una movilización total de hasta 800.000 millones de euros en Defensa. Además, exigió que los estados miembros de la Unión Europea aumentaran su gasto anual militar en un 1,5% del PIB, lo que para España supondría en torno a 25.000 millones de euros. De este modo, el horizonte del 2% del PIB en defensa parece que ya se queda insuficiente, ya que la presidenta de la Comisión Europea apunta en estos momentos hacia un 3%.
¿Cómo está España a este respecto? Sin olvidar que no tenemos Presupuestos Generales del Estado en 2025 sino que tenemos prorrogados los de 2023, vemos que hasta el 30 de noviembre (última cifra de ejecución presupuestaria disponible) el gasto en Defensa se incrementó en 2.714 millones de euros, trasladándolos de otras partidas como el Ministerio de Ciencia o el de Educación. Con un presupuesto prorrogado sólo se puede hacer traslados entre partidas.
La cifra total de presupuesto de Defensa es de 15.541 millones de euros, de los cuales se han desarrollado los proyectos para gastar 13.868 millones y se han pagado 10.056 millones según las cifras de la IGAE a noviembre. Veremos en los próximos días cuando se publiquen las cifras del cierre de 2024 si ha ido a más.
En definitiva, estamos ante importantes aumentos presupuestarios en Defensa que van a experimentar la gran mayoría de los países europeos en los próximos años. La causa viene determinada por los más que preocupantes conflictos geopolíticos como la invasión de Rusia sobre Ucrania, el conflicto entre terroristas islámicos y el Estado de Israel en Oriente Medio, las tensiones entre China y Taiwán, las exigencias de Estados Unidos sobre el resto de los miembros de la OTAN ante su impasividad, entre otras. Cuanto antes y de forma más contundente se desarrolle una estrategia de inversión en Seguridad y Defensa, antes estaremos más protegidos ante las amenazas de los enemigos.